Mbappé, Mao y China: la polémica que enfrenta libertad de expresión, soberanía y poder económico
Mbappé, Mao y China: la polémica que enfrenta libertad de expresión, soberanía y poder económico
Una broma del delantero del Real Madrid sobre un meme de Mao Zedong terminó provocando la suspensión de las retransmisiones de LaLiga en China, la ruptura de contratos comerciales y una cadena de disculpas. Pero detrás del episodio existe una discusión mucho más profunda: dónde termina la libertad de expresión de una figura global, hasta dónde puede responder China dentro de su propio espacio económico y mediático y por qué Occidente y Pekín interpretan de manera tan diferente conceptos como soberanía, memoria histórica y libertad política.
Pie de foto: Kylian Mbappé, delantero del Real Madrid. Foto: SdHb / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0.
Una conversación aparentemente trivial terminó convertida en un conflicto que atravesó el fútbol, los negocios y la diplomacia.
Kylian Mbappé fue preguntado durante una entrevista con el programa francés The Bridge por el meme protagonizado por él que más gracia le había causado.
El delantero habló entonces de una imagen en la que habían colocado su rostro sobre el de quien describió como un “dictador chino” y explicó que la broma le causaba gracia y que incluso la compartía con sus amigos.
Mbappé no pronunció expresamente el nombre de Mao Zedong. Sin embargo, el montaje al que hacía referencia utilizaba una conocida imagen del fundador de la República Popular China.
Ese detalle resulta importante.
La controversia no nació de un discurso político preparado por Mbappé contra China ni de una declaración sobre el sistema político chino. Surgió de una conversación sobre memes relacionados con el propio futbolista.
Pero una vez pronunciada la expresión y difundido el fragmento, la intención original dejó de ser el único elemento relevante.
En China, la referencia fue interpretada de manera muy diferente.
¿De dónde salió el meme?
Para comprender completamente el episodio también hay que explicar algo que buena parte de las informaciones internacionales ha omitido: el meme no nació originalmente como una burla contra China o contra Mao.
Durante años, especialmente durante su etapa en el Paris Saint-Germain, las redes sociales produjeron memes que exageraban humorísticamente el supuesto poder de Mbappé dentro de los clubes en los que jugaba.
El delantero aparecía representado como presidentes, monarcas o dirigentes autoritarios, una caricatura sobre la percepción de que poseía enorme influencia sobre decisiones deportivas.
Una de esas imágenes colocó su rostro sobre Mao Zedong.
Ese contexto ayuda a entender la intención de la broma.
Pero no determina necesariamente cómo debía ser recibida en China.
Porque Mao no es simplemente un personaje histórico cualquiera dentro del país.
Mao: una figura que China y Occidente observan desde perspectivas diferentes
Mao Zedong proclamó el 1 de octubre de 1949 la República Popular China después de décadas extraordinariamente traumáticas para el país.
China había atravesado la decadencia y caída de la dinastía Qing, intervenciones de potencias extranjeras, pérdida de control territorial, fragmentación política, invasión japonesa y posteriormente una prolongada guerra civil.
Pie de foto: Mao Zedong, fundador de la República Popular China. Foto: Wikimedia Commons / Dominio público
Buena parte de la historiografía y del relato nacional chino denomina a una etapa de ese período el “siglo de las humillaciones”.
Dentro de esa construcción histórica, la revolución de 1949 no representa únicamente la victoria del Partido Comunista.
Representa también la recuperación de la soberanía de China después de décadas en las que potencias extranjeras habían ejercido una enorme influencia sobre su territorio.
Por eso Mao conserva una posición central en la narrativa fundacional de la República Popular.
Eso no significa desconocer las consecuencias devastadoras de algunas de sus políticas.
El Gran Salto Adelante estuvo acompañado por una gigantesca hambruna y la Revolución Cultural provocó persecuciones, violencia política, destrucción cultural y enormes sufrimientos.
El propio Partido Comunista Chino reconoció oficialmente en 1981 que Mao había cometido graves errores, particularmente durante la Revolución Cultural.
La diferencia fundamental está en que el relato oficial chino considera que esos errores no eliminan su papel en la creación del Estado contemporáneo y en la recuperación de la soberanía nacional.
Esa complejidad histórica ayuda a explicar por qué una caricatura que desde Europa puede parecer simplemente otro meme futbolístico puede adquirir en China una dimensión completamente distinta.
La reacción china
Cuando el fragmento de la entrevista comenzó a circular ampliamente, la reacción fue rápida.
Pie de foto: Bandera de la República Popular China en Pekín. Foto: Wikimedia Commons / Dominio público.
China Media Group, conglomerado estatal responsable de CCTV, suspendió las retransmisiones de LaLiga y contenidos relacionados con Mbappé.
También fueron retirados anuncios protagonizados por el jugador.
Paralelamente, empresas chinas que mantenían relaciones comerciales con el delantero decidieron romper sus acuerdos.
Dongpeng, Mengniu y Milkground anunciaron la terminación de sus vínculos comerciales con Mbappé.
También se produjeron restricciones sobre contenidos relacionados con el jugador en plataformas digitales chinas.
La controversia, por tanto, no estuvo protagonizada exclusivamente por el Gobierno.
Participaron medios estatales, empresas privadas o comerciales, plataformas digitales, organizaciones deportivas y ciudadanos chinos que manifestaron su rechazo en redes sociales.
¿Censura china o ejercicio de soberanía?
Aquí aparece uno de los puntos que requiere mayor cuidado periodístico.
Una interpretación predominante en parte de la prensa occidental presenta el episodio como otro ejemplo de cómo las “líneas rojas” políticas de China terminan condicionando instituciones extranjeras.
La pregunta es legítima.
Pero existe otra que merece formularse con la misma seriedad:
¿hasta qué punto la decisión de China de determinar qué transmite su televisión pública o la decisión de empresas chinas de terminar contratos comerciales constituye una imposición sobre Occidente y hasta qué punto representa el ejercicio de decisiones soberanas dentro de su propio mercado?
Ambas dimensiones pueden coexistir.
China tiene derecho, como Estado soberano, a administrar su sistema público de medios conforme a su ordenamiento jurídico.
Una compañía china también puede determinar que las declaraciones de una celebridad perjudican su marca y cancelar una relación comercial conforme a las condiciones que correspondan.
Y los consumidores chinos poseen el mismo derecho que los consumidores de cualquier otro país a rechazar públicamente a una figura que consideran ofensiva.
Nada de ello impide formular otra pregunta igualmente válida:
¿puede el gigantesco peso económico del mercado chino generar presiones capaces de producir autocensura entre empresas, deportistas y organizaciones extranjeras?
También puede.
Reconocer la soberanía china no obliga a renunciar a esa discusión.
Pero defender la libertad de expresión occidental tampoco convierte automáticamente cualquier respuesta china en una violación de esa libertad.
Libertad de expresión no significa ausencia de consecuencias
Mbappé podía expresar una opinión sobre Mao.
Incluso podía realizar una crítica política abierta al antiguo dirigente chino.
Pero la libertad de expresión no significa necesariamente conservar contratos publicitarios, campañas comerciales o exposición televisiva independientemente de las consecuencias de lo dicho.
Aquí conviene separar tres discusiones.
La primera es si Mbappé tenía derecho a expresarse.
La segunda es si sus palabras fueron cultural e históricamente apropiadas.
La tercera es si la reacción china fue proporcional.
Responder afirmativamente a una no obliga a responder de la misma manera a las otras.
Precisamente esa distinción desaparece cuando la historia se reduce a una confrontación entre “libertad occidental” y “censura china”.
Mbappé pide disculpas
Ante la magnitud de la controversia, el delantero terminó pronunciándose públicamente.
Mbappé difundió un comunicado en francés, chino e inglés.
Reconoció que sus palabras habían sido desacertadas y que comprendía que habían herido a numerosas personas en China y en comunidades chinas alrededor del mundo.
También manifestó su respeto hacia el pueblo chino y su historia.
No fue la única disculpa.
LaLiga lamentó públicamente la ofensa causada y dejó claro que las declaraciones correspondían personalmente al futbolista.
Su presidente, Javier Tebas, llegó además a reunirse con el embajador chino en España, Yao Jing, para abordar la crisis.
Pero faltaba un actor fundamental.
El Real Madrid.
El Real Madrid finalmente se disculpa
Este miércoles 28 de octubre, el club publicó finalmente un comunicado oficial dirigido al pueblo chino.
El Real Madrid presentó sus disculpas por el malestar y la ofensa ocasionados por las recientes palabras de Kylian Mbappé.
El club afirmó mantener un profundo respeto hacia China, su población, su historia y su cultura, así como hacia los millones de aficionados chinos del Real Madrid.
También respaldó las disculpas previamente presentadas por el delantero.
La institución reivindicó como valores propios el respeto mutuo, la convivencia armoniosa y la comprensión entre culturas y expresó su voluntad de continuar fortaleciendo sus vínculos con China.
La intervención del Madrid resulta particularmente significativa porque China Media Group había considerado insuficiente la respuesta inicial atribuida al club y reclamaba expresamente unas disculpas.
Pekín responde a las disculpas
Horas antes, el Ministerio de Relaciones Exteriores de China también se había pronunciado sobre el arrepentimiento expresado por Mbappé.
Durante la rueda de prensa oficial de este miércoles, periodistas de AFP y Reuters preguntaron directamente al portavoz Guo Jiakun qué pensaba el Gobierno chino sobre las disculpas del futbolista.
La respuesta fue breve:
“Tomamos en serio las disculpas que ha presentado”.
La frase representa una moderación respecto de la tensión de las horas anteriores, aunque no significa que la crisis esté completamente resuelta.
Preguntado sobre las consecuencias posteriores, Pekín no anunció inmediatamente el levantamiento de las medidas adoptadas.
Hasta este miércoles, la suspensión de las retransmisiones de LaLiga seguía sin haberse levantado públicamente.
Por eso sería incorrecto afirmar que China ya dio por terminado el conflicto.
Pero también sería incorrecto presentar a Pekín como completamente indiferente a las disculpas.
El Real Madrid ya había tenido otros choques con China
La controversia de Mbappé tampoco aparece de manera aislada.
El Real Madrid ha protagonizado durante 2026 otros episodios que generaron polémica en China.
Uno involucró a Dean Huijsen.
El futbolista republicó en redes sociales una imagen acompañada de comentarios considerados ofensivos hacia los rasgos físicos de personas asiáticas.
La publicación fue eliminada y posteriormente aparecieron disculpas dirigidas al público chino.
Pero aquel caso tenía una naturaleza diferente.
La cuestión central no era la soberanía china ni Mao, sino una acusación de contenido racialmente ofensivo.
Y precisamente esa diferencia plantea una pregunta interesante.
Las instituciones deportivas occidentales sancionan o condenan habitualmente expresiones consideradas racistas, xenófobas, homófobas o discriminatorias.
Por eso resulta legítimo preguntarse quién determina, dentro de un escenario verdaderamente global, qué sensibilidades culturales deben ser respetadas y cuáles deben aceptar determinadas expresiones simplemente porque en otra sociedad se consideran humor.
El episodio del Tíbet requiere otra precisión
Otro conflicto surgió después de que el Real Madrid publicara un mensaje de solidaridad por víctimas de una catástrofe en “Nepal y el Tíbet”.
La formulación podía parecer puramente geográfica desde una perspectiva europea.
Pero desde la posición oficial china tenía una interpretación política diferente.
Nepal es un Estado soberano.
El Tíbet —denominado oficialmente Región Autónoma de Xizang por China— forma parte de la República Popular China.
Algunos medios y sectores chinos interpretaron entonces que mencionar ambos territorios en el mismo nivel podía transmitir implícitamente una equivalencia política.
Eso no significa que el Real Madrid hubiera publicado una declaración apoyando la independencia tibetana.
No lo hizo.
Pero explica por qué la redacción produjo una reacción diferente en China.
Tíbet, Taiwán y Hong Kong: dos marcos enfrentados
Este punto permite comprender una diferencia mucho más profunda.
En buena parte del debate político occidental, asuntos como Tíbet, Taiwán o Hong Kong suelen analizarse prioritariamente desde conceptos como derechos humanos, democracia y autodeterminación.
Pekín utiliza fundamentalmente otro marco:
soberanía nacional, integridad territorial y no intervención extranjera.
Para China, buena parte de esas discusiones no corresponde únicamente a derechos individuales sino a cuestiones relacionadas con la integridad del Estado y con una historia en la que potencias extranjeras intervinieron repetidamente dentro del territorio chino.
Comprender ese razonamiento no obliga a compartirlo.
El periodismo tampoco debería adoptar automáticamente la posición oficial de Pekín.
Pero una información verdaderamente equilibrada debe explicar por qué China interpreta estos asuntos de esa manera, en lugar de presentar exclusivamente el marco occidental como neutral y el chino como una simple “línea roja política”.
La NBA y el precedente que cambió las reglas
El gran precedente internacional ocurrió en 2019.
Daryl Morey, entonces gerente general de los Houston Rockets, publicó un mensaje apoyando las protestas de Hong Kong.
La reacción en China fue inmediata.
CCTV suspendió retransmisiones y diferentes organizaciones y empresas congelaron relaciones con los Rockets y la NBA.
Pero la NBA tomó una decisión diferente de la que ahora han adoptado LaLiga, Mbappé y el Real Madrid.
El comisionado Adam Silver defendió públicamente el derecho de Morey a expresarse.
La organización asumió importantes consecuencias económicas.
Aquel episodio terminó convirtiéndose en uno de los mayores ejemplos contemporáneos de la tensión entre libertad de expresión y acceso al mercado chino.
La pregunta también puede formularse al revés
Occidente suele plantear el problema de esta manera:
¿utiliza China el tamaño de su mercado para obligar a empresas extranjeras a respetar sus posiciones políticas?
Es una pregunta legítima.
Pero desde la perspectiva china puede formularse otra:
¿por qué empresas, clubes y celebridades extranjeras deberían poder obtener enormes beneficios dentro del mercado chino ignorando completamente las sensibilidades históricas, políticas y culturales de la sociedad con la que hacen negocios?
Esa pregunta también merece respuesta.
Una organización internacional puede decidir que determinadas exigencias son incompatibles con sus valores y retirarse del mercado.
Pero pretender simultáneamente acceso comercial ilimitado y ausencia absoluta de consecuencias ante cualquier comportamiento constituye una posición mucho más difícil de sostener.
China también debe aceptar el escrutinio
El análisis equilibrado tampoco puede detenerse ahí.
El enorme tamaño del mercado chino proporciona al país una capacidad extraordinaria para ejercer influencia económica internacional.
Cuando una controversia política provoca simultáneamente pérdida de patrocinadores, desaparición de contenidos, suspensión de retransmisiones y restricciones digitales, es legítimo estudiar hasta qué punto semejante capacidad puede generar autocensura fuera de China.
También resulta razonable debatir la proporcionalidad de suspender las retransmisiones de toda una competición por las declaraciones individuales de uno de sus jugadores.
La soberanía no significa inmunidad frente a la crítica internacional.
Pero la libertad de expresión tampoco significa inmunidad frente a las consecuencias sociales o comerciales de aquello que se expresa.
Es precisamente en esa tensión donde se encuentra la verdadera historia.
Mucho más que una polémica futbolística
El caso Mbappé revela finalmente algo mayor que una disputa sobre un meme.
Durante décadas, gran parte de la globalización cultural estuvo dominada por instituciones occidentales.
Hollywood, las grandes ligas deportivas, multinacionales, medios de comunicación y celebridades exportaban contenidos acompañados de determinados códigos culturales y políticos.
El extraordinario crecimiento económico de China modificó esa relación.
Hoy existe una potencia no occidental con un gigantesco mercado interno capaz no solamente de consumir productos culturales globales, sino de exigir que quienes desean participar económicamente en él comprendan determinadas sensibilidades nacionales.
Para algunos, eso representa una preocupante expansión internacional de la influencia política china.
Para otros, refleja el nacimiento de un mundo multipolar en el que Occidente ya no posee capacidad exclusiva para determinar qué valores y sensibilidades deben considerarse universales.
Probablemente ambos fenómenos pueden existir al mismo tiempo.
La discusión que deja Mbappé
Kylian Mbappé comenzó hablando de un meme.
Terminó involucrando al Real Madrid, LaLiga, la televisión estatal china, multinacionales, patrocinadores, plataformas digitales y al propio Ministerio de Relaciones Exteriores de China.
El futbolista se disculpó.
LaLiga se disculpó.
El Real Madrid se disculpó.
Pekín afirmó que toma en serio las disculpas.
Pero el episodio deja una discusión que seguirá existiendo mucho después de que vuelvan o no las transmisiones del fútbol español a las pantallas chinas.
No consiste solamente en decidir si China “castigó” a Mbappé o si Mbappé “ofendió” a China.
La cuestión de fondo es mucho más profunda:
¿quién establece las reglas culturales y políticas de una globalización en la que Occidente ya no constituye el único centro de poder?
Y quizá la respuesta sea que, en el nuevo escenario internacional, ninguna potencia podrá establecerlas por sí sola.
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