La primera edición del festival EDC en Medellín, realizada en la unidad deportiva Atanasio Girardot, se vio empañada por tres graves hechos que afectaron a asistentes extranjeros y dejaron un saldo de dos personas fallecidas y una en estado crítico.
El joven fue hallado inconsciente en el suelo de uno de los escenarios y trasladado de urgencia al hospital Pablo Tobón Uribe, donde falleció horas después a causa de una falla respiratoria derivada de una presunta sobredosis de estupefacientes. Horas después, las autoridades reportaron el violento ataque contra el ciudadano australiano Frank Stephen Ramírez, de 46 años. El extranjero fue encontrado en el barrio Laureles hacia las 4:40 de la madrugada con 25 heridas de arma blanca, presuntamente arrojado desde un automóvil en movimiento tras haber asistido al evento. Ramírez permanece con pronóstico reservado en la Clínica Incodol, mientras la Policía investiga si el ataque obedeció a un hurto. A estos episodios se sumó la muerte del médico y radioterapeuta británico Ajay Bhatnagar, de 51 años, radicado en Estados Unidos. El especialista presentó complicaciones de salud dentro del evento y fue remitido a la Clínica El Rosario, donde falleció en la tarde del lunes festivo por una aparente sobredosis que involucró la mezcla de anfetaminas y licor.
Las autoridades judiciales avanzan en investigaciones independientes para esclarecer el consumo de sustancias y los móviles del ataque violento registrados en el marco del festival EDC en Medellín.
La primera fecha abrió en kineticFIELD con MËSTIZA, Dombresky y Miss Monique. Más tarde, ese escenario recibió a Alok, deadmau5, Illenium y Alesso. El circuito de circuitGROUNDS reunió a Above & Beyond, Richie Hawtin y ARTBAT, mientras neonGARDEN continuó hasta la madrugada con Maceo Plex y Jamie Jones. Por su parte, el espacio stereoBLOOM funcionó bajo el sello Dreamstate y contó con Cosmic Gate, Infected Mushroom y Astrix. Bob Moses también figuró entre las incorporaciones recientes y ofreció un formato de club set.
El montaje del festival en Medellín desató críticas por el uso de la pista de atletismo del Estadio Alfonso Galvis Duque, ubicada en la Unidad Deportiva Atanasio Girardot en Medellín. El escenario deportivo, renovado y entregado hace tres meses, fue cubierto con suelo artificial para instalar una de las tarimas del evento. La realización del encuentro también obligó a Atlético Nacional y a Deportivo Independiente Medellín a trasladar sus partidos de la Liga Nacional al estadio de Ditaires, en Itagüí. Con esa decisión, ambos clubes dejaron de utilizar el Atanasio Girardot y resignaron una parte importante de sus ingresos por boletería.
El Electric Daisy Carnival, conocido como el Cielo Eléctrico, nació en Las Vegas y tuvo su primera edición en el país en varios espacios de la Unidad Deportiva Atanasio Girardot. El festival congregó a más de 95.000 asistentes, entre residentes de Medellín y visitantes nacionales y extranjeros. La programación incluyó presentaciones de más de 80 artistas distribuidos en siete escenarios. La llegada del EDC a Medellín combinó una expectativa económica con cuestionamientos sobre el uso de infraestructura deportiva. El Sistema de Inteligencia Turística y Entretenimiento de Medellín calculó que el evento dejará cerca de 37,1 millones de dólares para la ciudad, mientras atletas y veedores pusieron reparos por el tránsito de vehículos pesados sobre la zona de la pista. La estimación oficial también prevé la generación de más de 60.000 empleos. El flujo de visitantes apunta a impulsar el comercio, los restaurantes, el alojamiento, el transporte y la oferta gastronómica de la ciudad.
Uno de los escenarios del festival fue instalado en la pista de atletismo del Estadio Alfonso Galvis Duque. La obra costó 21.000 millones de pesos y el alcalde Federico Gutiérrez participó personalmente en su entrega e inauguración. El espacio cuenta con un tapete de la marca Mondo, equipado con cámaras de aire pensadas para favorecer el desempeño y la amortiguación de los atletas. Sin embargo, ese sistema no está diseñado para soportar el peso de maquinaria amarilla, grúas y tractomulas. Durante varios días, esos vehículos ingresaron y salieron del estadio para transportar estructuras destinadas al montaje. Atletas y veedores difundieron en redes sociales registros sobre el estado del escenario mientras avanzaban los preparativos.
El Instituto de Deportes y Recreación de Medellín (Inder) aseguró que realizó estudios y adecuaciones antes de habilitar el lugar. Su director, Eduardo Silva Meluk, sostuvo que las medidas buscaban permitir el tránsito de vehículos de carga sin efectos negativos sobre la instalación. La entidad también indicó que cuenta con pólizas de seguro para responder ante eventuales daños. Mientras el espacio permanece habilitado para el festival, los deportistas pueden utilizar las pistas del Gran Parque Medellín Juan Pablo II y de la Unidad Deportiva de Belén.
Análisis y proyecciones: el caso vuelve a poner en primer plano uno de los debates más frecuentes alrededor de los grandes festivales: el equilibrio entre la rentabilidad económica, la seguridad sanitaria y la preservación de escenarios deportivos. En eventos multitudinarios de música electrónica, donde confluyen largas jornadas, alta carga sensorial y consumo de alcohol y otras sustancias, los protocolos médicos y de reducción de riesgos suelen ser determinantes para evitar desenlaces trágicos. Si la investigación confirma una sobredosis, el episodio podría reforzar exigencias sobre controles de ingreso, mayor presencia de equipos de emergencia y campañas preventivas más visibles. Al mismo tiempo, la polémica por la pista y el traslado de competencias deportivas puede profundizar la discusión sobre el uso temporal de infraestructuras públicas para espectáculos privados o mixtos, una tensión que en América Latina se repite cada vez que la agenda cultural compite con la deportiva.
Evolución reciente del tema: en los últimos años, los festivales masivos han pasado de ser vistos casi exclusivamente como motores turísticos a ser evaluados también por su impacto urbano, logístico y sanitario. En ciudades con tradición deportiva como Medellín, la conversación ya no se limita al derrame económico, sino que incluye la compatibilidad entre obras recientes, calendarios competitivos y eventos de alto tránsito. En ese marco, la postura de los organizadores suele enfatizar el beneficio económico y la proyección internacional, mientras que atletas, clubes y veedores reclaman mayores garantías de preservación de escenarios. Ese cambio de foco explica por qué la discusión sobre el EDC no se agota en la programación artística, sino que involucra también la gestión pública del espacio y la responsabilidad ante posibles emergencias médicas.
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